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Epistemologías del Fuego
Amparo Prieto Monreal
Portada trasera — Epistemologías del Fuego
Lomo — Epistemologías del Fuego
Portada — Epistemologías del Fuego
52 pp., Libro, Tapa blanda o rústica
Colección Documenta
Santiago Abril, 2026
ISBN: 978-956-08247-3-8
10 × 20 cm
Español
Autoría
Amparo Prieto Monreal
Prólogo de
Alexander Panez Pinto
Fotografía
Fernanda Tamayo
Documentalista
Nicolás Salazar
Dirección
Pablo Mansilla Quiñones
Diseño y Diagramación
Luis Iturra Muñoz
En esta publicación, Amparo Prieto Monreal, presenta una investigación desarrollada en tres cocinas de humo del centro-sur de Chile, en las localidades de San Gregorio, Quinchamalí y Las Lomas. A través de un trabajo empírico con comunidades rurales, se analizan las dimensiones socio-técnicas, socio-ecológicas y estéticas de estos espacios, entendidos como lugares de transición energética. El fuego, en su función de cocinar, iluminar y calefaccionar, aparece también como un eje simbólico y afectivo que organiza la vida cotidiana, las memorias familiares y las formas de relación con el entorno natural.
Los resultados de esta experiencia muestran que las cocinas de humo son más que un vestigio preindustrial: son artefactos vivos que aún producen sentidos colectivos. En torno al fogón emergen relatos orales, prácticas de soberanía energética y una visión alternativa del progreso, donde las sensibilidades y el pensamiento rural dialogan con los debates actuales sobre transiciones energéticas. Este libro ofrece así una mirada interdisciplinaria que une arte, territorio y energía, para comprender cómo las prácticas ancestrales del fuego siguen modelando la vida social y cultural en el presente.
Amparo Prieto Monreal es artista visual e investigadora especializada en las relaciones entre arte, territorio y energía. Su trabajo se basa en prácticas de campo en contextos rurales y enclaves histórico-energéticos, desde donde explora las dimensiones materiales, sensibles y políticas de la energía Es doctora por el programa Patrimonio, Sociedades y Espacios de Frontera de la Universidad de Zaragoza (España). Vive y trabaja en Rabones, Colbún (Región del Maule, Chile).
Extracto
Conversación/conservación del fuego (III)

En una segunda capa de sentido, el círculo de cenizas, su fuego central y los asientos alrededor, anuncian el escenario que se dispone para las dimensiones afectivas y sensibles, pues más allá de su función energética primaria, “la cocina de humo es conversación”, como la define una participante de la cocina de Quinchamalí.

(...) yo creo que la cocina de humo es donde se junta toda la familia. Claro. Un punto de encuentro.
Y bueno, y concuerdo también con las señoras acá de que el fuego también es un sentido que... reúne a la familia, reúne a la gente.
Estábamos nosotros los hermanos alrededor, nuestros papás por ahí, pero todo lo unía el fuego, nos unía el fogón a nosotros.

Y uno pasaba más tiempo también en familia. Sí, sí, pasaba más tiempo, porque todo era, por ejemplo, tampoco existía mucha televisión. No, no, no había tanta televisión, sino que estaba más el tema del conversar (FIGURA 11).

El fuego se constituye así, como una condición para la vida en común y la cocina de humo el ambiente más propicio para una conversación que comprendía, entre cosas, la planificación familiar de las tareas domésticas:

Se programaba la vida, oiga. Y lo otro que se programaba era el día que viene, en la noche: ya mañana vamos a ir a picar tal chacra, por ejemplo. Ya partíamos el otro día a picar chacra.
(...) los temas de conversación que había de repente entre los papás, eran por ejemplo de lo que se iba a hacer al otro día. Oye, vieja, le decía mi papá, mira, podríamos ir al río a lavar la frazada. Había que ir en carretela, íbamos todos pa allá. O sea, se organizaban los panoramas cuando se iba al río.
(...) la gente contaba las cosas que le habían pasado en el campo, las cosas cotidianas que pasaban en el día, los negocios, las penas también. Entonces una parte de la cultura, yo creo, del Chile central, del reunirse junto al fuego y preparar las comidas, los estofados.


Las referencias a resguardar un fuego que arde continuamente y no permitir que se apague, no solo aluden a una dimensión energética o una cuestión fáctica, sino también a una conservación del calor desde su dimensión simbólica: “uno se puede dar cuen- ta de que el calorcito de la casa es el fuego, lo irradia, no solamente en la vida personal, sino que también en el entorno de su casa”.

El sitial que ostenta el fogón de una cocina de humo, corresponde al de “una costumbre tan ancestral”, como decía un participante de Quinchamalí, que es capaz de contener y transmitir la historia de las sensibilidades personales y colectivas. Como si de un monu- mento se tratara, la llama eterna de una cocina es la que construye y resguarda los lazos afectivos pues “La cocina es amor”, como reflexionaba un participante de la cocina de San Gregorio. Lo más interesante de esta relación del fuego de la cocina con el amor, es que estas expresiones surgieron después de que fuera defini- da desde sus dimensiones técnicas más primarias, es decir lumbre, cocción y calefacción. Así, ante nuestro interés por traspasar esas primeras capas fácticas de la vivencia del fuego, este mismo par- ticipante, nos daba otra explicación de por qué éste debe mantenerse encendido:

Yo me quedé metido con la pregunta que hicieron al principio us- tedes ¿Qué significaba el fuego? yo me quedé pensando, pensando, pensando. Y yo definiría que el fuego es como el amor. Se apaga el fuego y a veces el amor se termina. Pero si se prende el fuego se enciende el amor de nuevo. Es como un calor interno (...)
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