Lawentuchefe
María Godoy & Carolina Altamirano
120 pp., Libro, Tapa blanda o rústica
Colección Líneas
11.5 × 17.2 cm
Español
Autoría / Autora Testimonial
María Godoy
Autoría / Investigación y escritura
Carolina Altamirano
Prólogo de
Walter Imilan Ojeda
Diseño y Diagramación
Luis Iturra Muñoz
Lawentuchefe es el testimonio vital de María Godoy Huenteo, lawentuchefe nacida en la ciudad, con investigación y reconstrucción narrativa de Carolina Altamirano. Este libro ilumina una figura esencial pero escasamente documentada en la tradición mapuche: la lawentuchefe, conocedora de la medicina ancestral que sana cuerpo y espíritu más allá de las comunidades del sur. A través de un relato íntimo y profundamente arraigado en la experiencia personal, María Godoy nos lleva desde su infancia en las pampas ventosas de Punta Arenas —donde ya latía su conexión con el newen selk’nam y mapuche— hasta su despertar espiritual en Villa Alemana, impulsada por espíritus que la convocaron a movilizarse por múltiples territorios del Wallmapu extendido. Godoy relata cómo una vida cotidiana de madre y ama de casa se transforma en un mandato sagrado, cruzando fronteras físicas y espirituales para asumir su rol como sanadora, pese a haber nacido en la ciudad y enfrentar resistencias iniciales.
Carolina Altamirano, teje estos episodios en una narrativa coherente que amplía la idea del relato mapuche tradicional, incorporando temas de movilidad, territorialidad y reencuentro identitario en contextos urbanos y periurbanos. En este contexto, el libro aporta una mirada necesaria al poner en primer plano a las lawentuchefes, cuya labor —clave en la cosmovisión mapuche— ha sido escasamente abordada en la bibliografía existente, contribuyendo así a enriquecer y diversificar el conocimiento sobre las distintas figuras espirituales. Es una obra que no solo preserva memoria viva, sino que invita a comprender cómo la espiritualidad mapuche se expande, resiste y se reinventa en el mundo contemporáneo.
Carolina Altamirano, teje estos episodios en una narrativa coherente que amplía la idea del relato mapuche tradicional, incorporando temas de movilidad, territorialidad y reencuentro identitario en contextos urbanos y periurbanos. En este contexto, el libro aporta una mirada necesaria al poner en primer plano a las lawentuchefes, cuya labor —clave en la cosmovisión mapuche— ha sido escasamente abordada en la bibliografía existente, contribuyendo así a enriquecer y diversificar el conocimiento sobre las distintas figuras espirituales. Es una obra que no solo preserva memoria viva, sino que invita a comprender cómo la espiritualidad mapuche se expande, resiste y se reinventa en el mundo contemporáneo.
Extracto
Varios Territorios
Mari mari kom pu lamgen, mari mari kom pu che. Iñche Lawentuchefe María de Lourdes Godoy Huenteo pingen. Tañi tuwun Punta Arenas mapu mew Iñche mulen Villa Alemana Ka Vilcún waria mew. Kuzawlen Ruka Lawen Peñablanca ka Ruka Lawen San Antonio. Tañi lof Asociacion Witrapuran de Villa Alemana.
Nací en la hermosa y dura zona austral de Punta Arenas, allá están mis ancestros, allá está mi newen, de donde también llevo raíces del pueblo selk’nam por parte de mi abuela y de quienes heredé la fuerza que ellos tienen para vivir en esas tierras tan hostiles. Siempre me sentí muy unida a ese territorio, donde estaba muy fuerte el mundo espiritual, las pampas, el viento eterno acompañante. De niña siempre disfruté los fuertes vientos, me gustaba salir a la calle cuando había rachas de 100 km/h y muchas veces sobrepasaba los 150 km/h. Recuerdo cuando mi mamá me decía, no salgas, porque el viento te va a llevar a la playa y no te voy a ir a buscar. Salía igual, pensando que volaría como una gaviota, planeando por los cielos.
Casi podía sentir la sensación, porque de niña en mis sueños volaba de noche sobre una ciudad muy iluminada, y de grande, cada vez que podía regresaba. Pensaba que era porque extrañaba a mi familia, pero era otro el sentido. A mí me gustaba sentir el viento muy frío que te pela la cara o cuando antes de nevar el aire se pone tibio. Yo podría haber despertado como Lawentuchefe ahí, pero mi destino no era ese.
Estoy agradecida de haber nacido en esta hermosa ciudad, de haber tenido las experiencias que tuve y de haber tomado conciencia de que soy parte de esa tierra, así como lo fueron mis ancestros, aunque uno tiene ancestros en otras partes también, al otro lado de la cordillera, en el Puelmapu, mi familia materna era de allá, de Río Grande, Río Gallegos, Ushuaia; esos lugares australes. Pero también tengo mis ancestros donde nació mi papá, en Chiloé, en la isla Lemuy, que está al lado de Puqueldón. Vi la isla en un documental por televisión, lo que provocó emociones fuertes. Quiero ir a buscar esa historia porque papá nunca habló sobre ese lugar. No conocí a mi abuelo, ni a mi abuela, ni a todos sus hermanos. Él salió muy joven de esa isla y nunca más regresó. Tampoco nos contó de su familia. Por eso siento y deseo ir a la isla de Lemuy y caminar sobre sus pasos, también pertenezco a esos territorios porque lo llevo en mi sangre.
Mi mamá nació en Argentina, se llamaba Ida Nelfa Huenteo Pardo y mi papá, Manuel Antonio Godoy Mansilla, pero ¿cómo se produjo el apellido mapuche? Por mi abuela, Teresa Pardo García. Nosotros no teníamos mucha comunicación con mi abuela, ella no hablaba mucho. Yo no sé por qué los antiguos siempre ocultaban cosas. Entonces fue por mi mamá que supe.
Cuando mi abuela Teresa era jovencita y vivía con su mamá, tenían una especie de hospedaje en el sur del territorio chileno. Un día llegó al hospedaje un mapuche a caballo y vio a mi abuela, que entonces tenía entre quince y dieciséis años. Él era mayor, tenía más o menos cuarenta años. A los días él partió y cuando regresó -nuevamente al hospedaje- le dijo a mi bisabuela que quería casarse con su hija, preguntándole qué quería a cambio. La bisabuela le dijo que ella quería muchos caballos y según mi mamá, un día mi abuela estaba haciendo sus quehaceres y llega el mapuche con muchos caballos. Y la mamá le dice Teresa, tienes que irte con este hombre, porque él va ser tu marido. Entonces mi abuela fue llevada donde él vivía con su familia, se casaron y tuvieron tres hijas: Elia, Berta y Nelfa.
Su nombre era Manuel Huenteo Huenteo, falleció dejando a sus hijas pequeñas. Mi abuela le contó que la echaron con las tres niñas. Ella volvió a Argentina y comenzó a trabajar. Y ahí mi mamá me decía que, a ella y a su hermana, la Berta, las dejaron con una señora que tenía una pastelería y panadería y que, a la otra hija, mi tía Elia, se quedó con otra persona y la mamá se fue a trabajar. Tía Berta me preguntó cuando viajé a Ushuaia:
¿Alguna vez tu mamá, la Nelfa, te ha contado cómo fue nuestra vida de pequeñas en Argentina? La Nelfa tenía como cuatro o cinco años, y yo tenía como ocho o nueve; y nosotras teníamos que trabajar para que pudiéramos comer. Entonces ¿qué hacía esta persona? Nos mandaba con una canasta, aunque estuviera nevando o lloviendo, a vender pan y a entregar los pasteles. Y yo me acuerdo de tu mamá con sus manos chiquititas amasando masitas.
Ahí supe otro poco de historia de mi familia. Me contó varias cosas más, todas muy tristes y le agradecí, fue la primera y última vez que la vi. Es importante saber de tus raíces, aunque sea triste. Aunque de mi bisabuela también escuché una historia.
Mari mari kom pu lamgen, mari mari kom pu che. Iñche Lawentuchefe María de Lourdes Godoy Huenteo pingen. Tañi tuwun Punta Arenas mapu mew Iñche mulen Villa Alemana Ka Vilcún waria mew. Kuzawlen Ruka Lawen Peñablanca ka Ruka Lawen San Antonio. Tañi lof Asociacion Witrapuran de Villa Alemana.
Nací en la hermosa y dura zona austral de Punta Arenas, allá están mis ancestros, allá está mi newen, de donde también llevo raíces del pueblo selk’nam por parte de mi abuela y de quienes heredé la fuerza que ellos tienen para vivir en esas tierras tan hostiles. Siempre me sentí muy unida a ese territorio, donde estaba muy fuerte el mundo espiritual, las pampas, el viento eterno acompañante. De niña siempre disfruté los fuertes vientos, me gustaba salir a la calle cuando había rachas de 100 km/h y muchas veces sobrepasaba los 150 km/h. Recuerdo cuando mi mamá me decía, no salgas, porque el viento te va a llevar a la playa y no te voy a ir a buscar. Salía igual, pensando que volaría como una gaviota, planeando por los cielos.
Casi podía sentir la sensación, porque de niña en mis sueños volaba de noche sobre una ciudad muy iluminada, y de grande, cada vez que podía regresaba. Pensaba que era porque extrañaba a mi familia, pero era otro el sentido. A mí me gustaba sentir el viento muy frío que te pela la cara o cuando antes de nevar el aire se pone tibio. Yo podría haber despertado como Lawentuchefe ahí, pero mi destino no era ese.
Estoy agradecida de haber nacido en esta hermosa ciudad, de haber tenido las experiencias que tuve y de haber tomado conciencia de que soy parte de esa tierra, así como lo fueron mis ancestros, aunque uno tiene ancestros en otras partes también, al otro lado de la cordillera, en el Puelmapu, mi familia materna era de allá, de Río Grande, Río Gallegos, Ushuaia; esos lugares australes. Pero también tengo mis ancestros donde nació mi papá, en Chiloé, en la isla Lemuy, que está al lado de Puqueldón. Vi la isla en un documental por televisión, lo que provocó emociones fuertes. Quiero ir a buscar esa historia porque papá nunca habló sobre ese lugar. No conocí a mi abuelo, ni a mi abuela, ni a todos sus hermanos. Él salió muy joven de esa isla y nunca más regresó. Tampoco nos contó de su familia. Por eso siento y deseo ir a la isla de Lemuy y caminar sobre sus pasos, también pertenezco a esos territorios porque lo llevo en mi sangre.
Mi mamá nació en Argentina, se llamaba Ida Nelfa Huenteo Pardo y mi papá, Manuel Antonio Godoy Mansilla, pero ¿cómo se produjo el apellido mapuche? Por mi abuela, Teresa Pardo García. Nosotros no teníamos mucha comunicación con mi abuela, ella no hablaba mucho. Yo no sé por qué los antiguos siempre ocultaban cosas. Entonces fue por mi mamá que supe.
Cuando mi abuela Teresa era jovencita y vivía con su mamá, tenían una especie de hospedaje en el sur del territorio chileno. Un día llegó al hospedaje un mapuche a caballo y vio a mi abuela, que entonces tenía entre quince y dieciséis años. Él era mayor, tenía más o menos cuarenta años. A los días él partió y cuando regresó -nuevamente al hospedaje- le dijo a mi bisabuela que quería casarse con su hija, preguntándole qué quería a cambio. La bisabuela le dijo que ella quería muchos caballos y según mi mamá, un día mi abuela estaba haciendo sus quehaceres y llega el mapuche con muchos caballos. Y la mamá le dice Teresa, tienes que irte con este hombre, porque él va ser tu marido. Entonces mi abuela fue llevada donde él vivía con su familia, se casaron y tuvieron tres hijas: Elia, Berta y Nelfa.
Su nombre era Manuel Huenteo Huenteo, falleció dejando a sus hijas pequeñas. Mi abuela le contó que la echaron con las tres niñas. Ella volvió a Argentina y comenzó a trabajar. Y ahí mi mamá me decía que, a ella y a su hermana, la Berta, las dejaron con una señora que tenía una pastelería y panadería y que, a la otra hija, mi tía Elia, se quedó con otra persona y la mamá se fue a trabajar. Tía Berta me preguntó cuando viajé a Ushuaia:
¿Alguna vez tu mamá, la Nelfa, te ha contado cómo fue nuestra vida de pequeñas en Argentina? La Nelfa tenía como cuatro o cinco años, y yo tenía como ocho o nueve; y nosotras teníamos que trabajar para que pudiéramos comer. Entonces ¿qué hacía esta persona? Nos mandaba con una canasta, aunque estuviera nevando o lloviendo, a vender pan y a entregar los pasteles. Y yo me acuerdo de tu mamá con sus manos chiquititas amasando masitas.
Ahí supe otro poco de historia de mi familia. Me contó varias cosas más, todas muy tristes y le agradecí, fue la primera y última vez que la vi. Es importante saber de tus raíces, aunque sea triste. Aunque de mi bisabuela también escuché una historia.